EL ROMPECABEZAS - PARTE CUATRO




HE AQUI LA séptima pieza del rompecabezas. Dios promete: “El que beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás”. Solo hay una condición previa: Hay que estar sediento, tanto como el estéril paisaje rojizo cuarteado de Sudán, tanto como la quebradiza hierba amarilla achicharrada del moribundo césped frente a tu casa. “Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, ríos sobre la tierra seca. Mi espíritu derramaré sobre tu descendencia, y mi bendición sobre tus renuevos” (Isa. 44:3).

Toda esta insistencia en la lluvia es simplemente el llamamiento bíblico a un reaviva- miento y una reforma espirituales. Estas siete piezas del rompecabezas ahora montadas no son más que el apasionado llamamiento de Dios a sus elegidos para que despierten a la sed desesperada tanto del mundo como de la iglesia. “ ‘Si alguien tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior brotarán ríos de agua viva. Esto dijo [Jesús] del Espíritu que habían de recibir los que creyeran en él” (Juan 7:37-39). ¿Estás sediento del Espíritu de Jesús?

¿Puedo ser algo más directo? La urgente realidad es que, a no ser que tú y yo busquemos la segunda venida del Espíritu Santo, nunca estaremos listos para la Segunda Venida de Jesús. Aquella debe preceder a esta, o esta nunca se producirá. Jesús sigue clamando: “Si alguien tiene sed, venga a mí”. ¿Hay alguien que siga orando por su lluvia tardía?

¡Podrás imaginar que alguien en esta guerra cósmica está orando desesperadamente que nunca lo hagamos! “No hay nada que Satanás tema tanto como que el pueblo de Dios despeje el camino quitando todo impedimento, de modo que el Señor pueda derramar su Espíritu sobre una iglesia decaída y una congregación impenitente. Si se hiciera la voluntad de Satanás, no habría ningún otro reavivamiento, grande o pequeño, hasta el fin del tiempo. […] [Pero] así como Satanás no puede cerrar las ventanas del cielo para que la lluvia venga sobre la tierra, así tampoco puede impedir que descienda un derramamiento de bendiciones sobre el pueblo de Dios” (Mensajes selectos, 1.1, pp. 144,145).

¡Aleluya! El enemigo de nuestra alma no puede detener la lluvia. No puede impedir indefinidamente el derramamiento global prometido y profetizado por Apocalipsis 18:1 sobre los elegidos de Dios, igual que no puede cerrar las ventanas del cielo. Una buena nueva: ¡tanto las ventanas del cielo como la lluvia obedecen al mandato de Diosl Entonces, ¿no pediremos con pasión el Don prometido?

Por: Dwight K. Nelson

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