Contenta con estar contenta :)



El que esté contento con estar contento, siempre estará contento. Lao Tse

“He APRENDIDO a estar contento con lo que tengo” (Fil. 4:11, NTV), afirmó Pablo. Y no deja de ser intrigante el hecho de que se sintiera contento un hombre que experimentó privación, cárcel, hambre, sed, escasez de ropa, maltrato, cansancio, injurias, constante persecución, peligro y adversidad (ver 1 Cor. 4:11-13). ¿Cómo logró el apóstol sentirse contento con lo que le había tocado en la vida siendo a todas luces una sucesión de penurias? ¡Yo quiero alcanzar esa misma plenitud!

Elena de White se hizo la misma pregunta que estoy formulando esta mañana para nuestra reflexión: “¿Cuál es la base del gozo del cristiano?” (Recibiréis poder, p. 85). Estoy segura de que quieres saberlo para experimentar ese gozo en tu propia vida. Su respuesta fue: “Es el resultado del sentido de la presencia de Cristo” (M.). Básicamente la misma explicación que el propio Pablo dio a su sentido invariable de contentamiento: “He aprendido el secreto de vivir en cualquier situación, sea con el estómago lleno o vacío, con mucho o con poco. Pues todo lo puedo hacer por medio de Cristo, quien me da las fuerzas” (Fil. 4:12, 13, NTV).

En estos tiempos que corren, muy poca gente se siente contenta con su vida porque dependen de las cosas externas y de las circunstancias que los rodean para sentirse contentos. Tal vez tú misma tienes dentro de ti una insatisfacción o un afán que te impiden estar contenta. Esto es tan común que el filósofo Schopenhauer se preguntó: “¿Existe algún hombre vivo que esté contento con lo que le ha tocado en la vida?” La respuesta es que sí, existe, y más de uno: todos aquellos que han aprendido a encontrar su verdadero contentamiento en la serena aceptación de una vida en obediencia a Dios.

El que ama a Dios, el que depende de Dios, el que confía en Dios, vive contento interna y externamente. No padece de ese mal moderno de nunca sentirse saciado que tanto explota la publicidad. No necesita el auto último modelo, ni la mejor casa, ni un gran título universitario, ni la popularidad, ni el dinero, ni el placer constante… Si se tienen todas esas cosas materiales, qué suerte, pero el verdadero contentamiento no proviene de ellas, sino que es de naturaleza puramente espiritual.

“Para quien está afligido, todos los días son malos; para quien está contento, son una fiesta constante” (Prov. 15:15).

Por: Mónica Díaz.

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