馃挗馃摂馃挗 Las mejores frases de El amor en los tiempos del c贸lera, novela dele escritor Gabriel Garcia Marquez 馃挗馃摃馃崄馃摂馃挄馃挗



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Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados.

Encontr贸 el cad谩ver cubierto con una manta en el catre de campa帽a donde hab铆a dormido siempre, cerca de un taburete con la cubeta que hab铆a servido para vaporizar el veneno. 

Un comisario de polic铆a se hab铆a adelantado con un estudiante de medicina muy joven que hac铆a su pr谩ctica forense en el dispensario municipal, y eran ellos quienes hab铆an ventilado la habitaci贸n y cubierto el cad谩ver mientras llegaba el doctor Urbino.


Ya me sobrar谩 tiempo para descansar cuando me muera pero esta eventualidad no est谩 todav铆a en mis proyectos.

Las instrucciones al comisario y al practicante fueron precisas y r谩pidas. No hab铆a que hacer autopsia.

No va a faltarle aqu铆 alg煤n loco de amor que le d茅 la oportunidad un d铆a de estos.

Cuando lo encuentre, f铆jese bien -le dijo al practicante, -suelen tener arena en el coraz贸n.

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Remotas, al otro lado de la ciudad colonial, se escucharon las campanas de la catedral llamando a la misa mayor. 

Si hubiera sido un crimen, aqu铆 habr铆a una buena pista -se dijo-. S贸lo conozco un hombre capaz de componer esta emboscada maestra.

Era una verdad a medias, pero ellos la creyeron completa porque 茅l les orden贸 levantar una baldosa suelta del piso y all铆 encontraron una libreta de cuentas muy usada donde estaban las claves para abrir la caja fuerte.

Se levantaba con los primeros gallos, y a esa hora empezaba a tomar sus medicinas secretas: bromuro de potasio para levantarse el 谩nimo, salicilatos para los dolores de los huesos en tiempo de lluvia, gotas de cornezuelo de centeno para los vah铆dos, belladona para el buen dormir.

A pesar de la edad se resist铆a a recibir a los pacientes en el consultorio, y segu铆a atendi茅ndolos en sus casas, como lo hizo siempre, desde que la ciudad era tan dom茅stica que pod铆a irse caminando a cualquier parte.


Aunque se negaba a retirarse, era consciente de que s贸lo lo llamaban para atender casos perdidos, pero 茅l consideraba que tambi茅n eso era una forma de especializaci贸n.

En todo caso -sol铆a decir en clase-, la poca medicina que se sabe s贸lo la saben algunos m茅dicos.

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